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El I Ching

Antes de que se escribieran los primeros textos del I Ching durante la dinastía Zhou, hace más de 3000 años, era una práctica frecuente, en la corte y en la clase ilustrada, consultar el futuro mediante tallos de milenrama, también llamada aquilea. Estas prácticas de adivinación, existen desde los tiempos del emperador Fu-Hi, que según la tradición, fue el descubridor de los Ocho Trigramas o imágenes asignadas al resultado de la consulta.

Tres son las fuentes reconocidas de las versiones actuales del libro:

-El texto del mítico Fu-Hi (por lo menos del 2400 a. C.).
-Los del rey Wen y su hijo el duque de Zhou (hacia el 1100 a. C.).
-Los de Confucio y sus discípulos (500 a. C.).

A lo largo de los últimos 20 siglos, a esos textos se añadieron comentarios de hechiceros y de la escuela del yin-yang, que en épocas recientes fueron descartados por los estudiosos.

Al I Ching, que significa: “libro de las mutaciones”, no sólo se le puede dar uso como oráculo sino como filosofía de vida. Sus enseñanzas nos piden que seamos capaces de entender que el universo cambia y es un compendio del ying y el yang, del mundo dual, de los opuestos para formar el todo. Se hace llamar el libro de las mutaciones porque recoge en sus respuestas, un movimiento pluridireccional, que aporta una visión amplia de lo que podría suceder, según tomemos una decisión u otra.

En realidad el I ching no es más que una guía para reflexionar acerca de las consecuencias de nuestros actos y tomarnos nuestro tiempo para poder llevar a acabo nuestros sueños y anhelos, es una guía en los momentos en que nuestra mente duda y no avanzamos o tenemos miedo a elegir.

No sólo se puede acudir al I Ching para decisiones de índole mayor que pueden dar un giro de 180º a nuestras vidas, sino que puede consultarse para pequeñas decisiones o acciones cotidianas. En cualquier caso, siempre será la serenidad quien guíe nuestra mente para “poder entender” el resultado o mensaje que el I-Ching tiene para nosotros.
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El I Ching, (al igual que otros Oráculos) lo componen 64 hexagramas o conjunto de 6 líneas ya sean ying (partidas) o yang (continuas). Estos 64 códigos tienen que ver con los ciclos de la naturaleza que recogen la energía del cielo creador para llevarla a la tierra que con su energía receptora genera los movimientos y cambios. Ya que para el I ching todo es movimiento.

Es un código binario, a la vez geométrico y aritmético, en el que la línea continua es a la vez todos los números impares, y la quebrada, los pares. Los trazos de los hexagramas se construyen de abajo hacia arriba. Y muchos estudiosos de la materia indican que existe una correlación entre estos 64 códigos o hexagramas y los 64 codones o códigos del ADN:

“El ADN está compuesto de una doble hélice en la que cada hilera es el reflejo exacto de la otra. Este binario básico es también la base del yin y del yang del I Ching. Nuestro código genético está compuesto de cuatro nucleótidos arreglados en grupos de tres. Cada uno de estos compuestos químicos se relaciona con un aminoácido y constituye lo que se conoce como «codón». Existen 64 de estos codones en nuestro código genético.
De la misma manera, en el I Ching hay sólo cuatro permutaciones básicas de yin y yang, y también se arreglan en grupos de tres, conocidos como «trigramas». Así como en la doble hélice de nuestro ADN cada hilera refleja la otra, cada trigrama del I Ching tiene un compañero y juntos crean el «hexagrama». Así como hay 64 codones en el ADN, hay 64 hexagramas en el I Ching”.

El método de consulta más actual para confeccionar un hexagrama es, tomar tres monedas, a cuyas caras se les otorga un valor, par e impar.

Si esta presentación, te ha parecido interesante, te invito a que busques unas viejas monedas a las que tengas cariño o representen para ti algo importante. A su vez, necessitas una versión lo más asequible posible del libro de las mutaciones ( I Ching) y una libreta para apuntar tus preguntas y tus resultados. Cuando dejes de ser un novato en el manejo de este oráculo sagrado, te sugiero que te pasees por alguna librería y adquieras el libro: “I Ching, El libro de las mutaciones”, de Richard Wilhelm, que es la única versión de la que tenemos contancia de que tanto su contenido como su traducción, son los más fieles al original.

 
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